Mis retos como coach

Crecer y desarrollarme continuamente son esenciales para mi bienestar personal.  Si logro sentir que agregué valor en cada sesión de coaching que realizo, logro sentir al mismo tiempo que yo crecí como persona y como coach.

Lo grandioso está en que para lograr agregar valor debo de despojarme de mi juicio y entregarme a escuchar y poner en práctica las herramientas de coaching que aprendí. Estas tres cosas que parecen tan sencillas son la clave tanto de mi desarrollo personal como de mi desarrollo como coach.

Hoy les quiero hablar sobre los primeros dos temas: despojarme de mi juicio y entregarme a escuchar.

Despojarme de mi juicio: hasido un gran reto para mí. He descubierto que soy por naturaleza o costumbre o ambas quizás, una persona que resuelve lo propio y lo ajeno. He sentido que es mi responsabilidad ofrecerle soluciones a los demás y en algunos casos hasta adoptar sus tareas. “No te preocupes, yo me encargo o No te preocupes ya hice esto y se hace así y así, No te preocupes que yo averiguo.” Nunca lo había visualizado como una falta de respeto a la capacidad de agenciamiento del otro, tal y como me lo expresó mi profesor de coaching. ¡Ouch! ¡Qué revelación! ¡He estado acostumbrada a creer que yo necesito resolver todo! ¡Y he sentido orgullo en mi capacidad de hacerlo! ¡Qué equivocada he estado! Y si, efectivamente mi falta de paciencia con el tiempo y proceso de decisión de los demás es una falta de respeto. Mi capacidad de tomar decisiones y resolver es tanto mi ventaja como mi talón de Aquiles. Ahora estoy aprendiendo a darle espacio a la gente, a preguntarle ¿cómo lo quieres hacer? La impaciencia ha mejorado e inversamente la empatía me ha crecido. No estoy ni cerca de donde quiero estar como persona y como coach, pero he recorrido bastante camino de mejora gracias a la formación como coach.

Entregarme a escuchar: escuchar para entender, no para contestar y brindarle al otro mi opinión sobre cómo debe de proceder. Escuchar con todos los sentidos alertas pendiente de gestos, tono de voz, de lo expresado y dejado de expresar, es todo un arte. Requiere nuevamente respeto por la persona, por su proceso de pensar, de digerir información y sentimientos y de expresarse. He aprendido a brindar el espacio y el silencio que le transmitan al otro ese respeto y aceptación total como persona. Repito es un arte y estoy lejos de dominarlo. Meditar todas las mañanas, centrarme y acallar mi cerebro parlanchín y lleno de juicios me ha servido mucho para mejorar la escucha activa y aceptar que todos somos producto de nuestras circunstancias y nuestros valores y debemos hacerles frente a nuestros retos en nuestro tiempo y a nuestro paso. Debo admitir que aun y con lo que he logrado aprender, con algunos clientes que despiertan un sentimiento de protección en mí,  cuando los veo dudosos en situaciones que requieren (en mi juicio) de toma de decisión quisiera empujarlos a resolver. Ahora entiendo que tengo una “constitución personal” (yo y mis circunstancias) en que mi instinto es poner a un lado mis sentimientos y avanzar y después reparar y lidiar con cómo me siento por lo que sacrifiqué en el camino, que sin duda me ha servido pero que no es el ideal para todo ni para todos y posiblemente haya podido hacerlo mejor en muchos casos o en la mayoría.

¿Y tú? ¿Como andas en empatía? ¿Estás escuchando activamente y sin juicios a las personas a tu alrededor? Un equipo fuerte, una relación de a dos sólida,  una familia unida,  se construyen en base a confianza y la confianza se cimenta en la escucha activa y sin juicios.

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